“Las ciudades, antes que focos de activación económica y ejes de dinamización empresarial, son el lugar básico donde las personas desplegamos nuestra vida. Son redes de afecto. En ellas trabajamos, disfrutamos y sufrimos. Por eso es tan necesario su sustento consciente y su defensa colectiva, más si cabe en un momento en el que la especulación inmobiliaria y el urbanismo neoliberal nos están privando de espacios y derechos cívicos a pasos de gigante. Los centros sociales de gestión ciudadana, sin duda, han sido –y siguen siéndolo– un agente clave a la hora de desobedecer tales injusticias y generar alternativas sostenibles de vida urbana. Espacios que se atreven a ir más allá de lo público y lo privado,  situándose en el sugerente marco de lo común. Afortunadamente, ya desde momentos pre-15M, en los últimos años estamos asistiendo a la emergencia de un buen número iniciativas ciudadanas radicadas en la conquista del derecho a la ciudad, caracterizadas por la multiplicidad de experiencias contenidas y la polivalencia a la hora de su despliegue sobre el territorio. A todas ellas les une su carácter autoorganizado y  de autonomía con respecto al poder instituido, sea nacional, autonómico o municipal.”

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